Una vez cada quince días, los niños participan en experiencias de mindfulness adaptadas a su etapa de desarrollo, a través de canciones, métodos de respiración, movimientos conscientes y frases sencillas de autorregulación.
Estas prácticas les ayudan a reconocer cómo se sienten, dirigir su atención, expresar sus necesidades y recuperar la calma. De manera gradual, fortalecen la concentración, la conciencia corporal, la escucha y la capacidad de responder con mayor serenidad ante distintas situaciones.