Una vez cada 15 días, los niños participan en una clase de yoga adaptada a su etapa de desarrollo, en la que conocen y practican posturas reales de esta disciplina mediante secuencias corporales, equilibrio, estiramientos y control del movimiento.
El trabajo se acompaña con tarjetas visuales y libros que les permiten reconocer las posturas, seguir pequeñas secuencias y practicar de manera cada vez más autónoma. A través de esta experiencia fortalecen la coordinación, la flexibilidad, el equilibrio, la conciencia corporal y la seguridad en sus propios movimientos.