Una vez a la semana, los niños participan en una clase de música con instrumentos reales, explorando sonidos, ritmos, movimiento, baile y expresión corporal.
A través de canciones, dinámicas musicales e instrumentos de distintas tradiciones, se acercan de manera viva al aprendizaje cultural y étnico, ampliando su sensibilidad, coordinación, escucha y vínculo con la diversidad del mundo.